Y ahora, los ortodoxos

lenin_crucificado.jpgYa veíamos hace poco el revuelo que provocaron en la iglesia española las fotografías erótico-religiosas de Montoya y nos hicimos eco del precedente Ferrari que también despertó el escándalo y los sentimientos feos entre los fieles argentinos. También repasamos el asunto de las publicación de caricaturas de Mahoma y las airadas reacciones concomitantes. Le llegó el turno a la iglesia ortodoxa rusa.
Museo Sájarov de Moscú. Exposición “Arte Prohibido”. Una efigie de Lenin cubriendo el rostro de un Jesús crucificado, un Jesús junto a la marca de McDonalds y la inscripción “this is my body”, una trinidad donde Jesús es eclipsado por tres círculos negros que representan a Mickey Mouse… Estas obras, entre otras que se ensañan además con la política o la economía tienen el denominador común de haber sido censuradas por los propios galeristas el año pasado. Para acentuar el carácter prohibido de esta exposición, las obras se exhiben tras un falso muro y sólo pueden ser contempladas a través de una mirilla, lo que convierte al público en voyeurista y así en cómplice de la obra.

La exposición, organizada por Andrei Erofeev, pretende denunciar la nueva censura rusa que surge tras la caída del comunismo en el que existía un todopoderoso comité para tal efecto. Ahora son los galeristas los que pretenden definir cuál es la tendencia del arte ejerciendo ellos mismos la censura a pesar de que, tal y como estamos comprobando en diferentes contextos, la burla de lo religioso, la irreverencia de los sagrado, es en sí un género que, mal que pese a muchos, define una realidad actual y por tanto se ve reflejada en las manifestaciones artísticas de vanguardia.
Quizá estemos asistiendo a la cosecha del trigo sembrado por los poderes eclesiales durante siglos: la excesiva censura, la milenaria represión de ideas, la imposición de una cosmovisión a través de la apropiación del temor divino, los abusos, la generalizada ausencia de autocrítica, etc., han conformado el sustrato sobre el que es posible permitirse ser irreverentes cuando uno ya no teme las llamas de la inquisición. Si bien las iglesias consideran estas manifestaciones plásticas una provocación, bien les vendría reflexionar sobre su papel en la Historia, papel que para los librepensadores y gentes de espíritu poco propenso a la adocenación o el aborregamiento constituyó una verdadera provocación. Nosotros pensamos, desde nuestra particular concepción del cristianismo que la Iglesia nunca debía haber sido poderosa en el sentido que históricamente se ha manifestado. La situación actual es un circo disgregado en el que apenas se distingue el mensaje de sencillez propio de Jesús. Tanto entre las grandes confesiones como entre los gropúsculos pertenecientes a cada una de ellas se da un fenómeno babeliano de confusión. Todos afirman seguir al mismo dios, al mismo Jesús, pero las barreras teológicas parecen insuperables. Sí, despuntan núcleos de voluntad de reconciliación y es verdad que en la base muchos seguidores de Cristo hacen una gran labor humanitaria. Lejos de las jerarquías todo parece más auténtico. Las mismas jerarquías han ejercido el papel de agentes publicitarios de una imagen particular de la figura que adoran. Han conseguido antipopularizar al mismísimo Jesús y eso también se ve reflejado en las manifestaciones plásticas reseñadas. No creemos pues, que en este sentido, el objeto de burla fuese Jesús mismo, sino las iglesias y en concreto los poderes de las iglesias. Nosotros estamos un poco fuera porque no sabemos distinguir muy bien dónde acaba la iglesia mala y empieza la buena y por eso no nos relacionamos con instituciones sino con personas.
Seguimos sin escandalizarnos por este tipo de obras y reafirmamos su validez como documento de lo que pasa en el mundo, que es al fin y al cabo uno de los fines del arte tal y como lo comprendemos. Entendemos por otra parte los sentimientos de ofensa de los fieles o de las iglesias. Su cosmovisión se ve atacada por estas manifestaciones plásticas y reaccionan como cualquier otro ser humano. La religión gregaria, opinamos, no nos hace más divinos. En lo espiritual ha de darse una transgresión con lo establecido, con lo gregario, con el rebaño, para poder trascender hacia un sentido más profundo de la existencia. Por ello al buscador espiritual no debería afectarle lo más mínimo que se diga o haga esto o lo otro sobre tal o cual tradición religiosa. Está más allá de esa preocupación y es intocable en ese sentido. Así, no podemos evitar, cuando leemos sobre las reacciones de los obispos españoles o los patriarcas rusos o los escandalizados fieles, pensar en equipos de fútbol, partidos políticos o chirigotas gaditanas.

~ por -- en 27 marzo, 2007.

5 comentarios to “Y ahora, los ortodoxos”

  1. Como es usual, estoy de acuerdo… que bueno que vivamos en una época en que, a pesar de todo lo que sigue ocurriendo, uno puede permitirse cuestionar a las estructuras de poder de las religiónes sin ser quemado en la hoguera… nosotros los herejes estamos muy agradecidos.

  2. Hey divina paradoja, ex-hermano blositero!! Pasando aquí a saludar y de paso a invitarte al GoMeme 6.0… Espero te unas, un saludo.

  3. Buen blog. Me gusta como piensas.

    Saludos desde Chile.

  4. Gracias Vendor
    procuro no tomar prestadas las opiniones y tenerlas propias
    saludos

  5. Hola Gabi, te recomiendo el siguiente artículo, impagable, y todo un descubrimiento de blog por lo que parece:
    http://vicisitudysordidez.blogspot.com/2007/03/devotos-del-santo-prepucio.html

    Ciao, risa asegurada

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